Los que se meten bajo la oscuridad del faldon

miércoles, 6 de abril de 2011

1987-2011... Veinticinco primaveras

Veinticinco primaveras, Señor. Veinticinco primaveras, Señora. Ya no se si son muchas, pocas, o acaso son y han parecido una eternidad. Tampoco voy a entrar en esa valoración. Lo que si es verdad es que este año cumplo "Veinticinco primaveras" que se me han pasado volando. Un pestañear silencioso y fugaz, que ya se me ha ido y que se que no volverá nunca más. Pero da igual, que me quiten lo bailado, lo vivido y lo soñado, que mientras muchos critican y envidian, yo guardo pedacitos de mi mismo, en las carpetas desordenadas de mi memoria cofrade, musical y costalera. Veinticinco primaveras y años a vuestra vera, siendo de ustedes y siempre por ustedes dos, porque así ustedes lo quisieron. Veinticinco primaveras vividas y sentidas de muchas y distintas formas y maneras. Aun a pesar de mi juventud, porque me considero joven a pesar de mis cerca ya de cuarenta años, veinticinco primaveras son muchas, cuando me encuentro a la vera de mi treinta y ocho cumpleaños. Par que suma impar. Y claro... no puede ser todo perfecto. En Veinticinco primaveras, ha llovido bastante, y también ha salido el sol. Habrá nubarrones que fueron pasajeros y lejos queden ya... y algunos relámpagos que partieron mi alma y aun escuecen y duelen a la luz de la luna, esa que para mi, no existe...


Aun así, el pellizco de la primera vez, está ahí. Sigue conmigo, porque lo cuido y lo mimo con dulzura, y con el encanto de las cosas que se que no volverán pero que fueron tan buenas, que siempre y mientras ustedes quieran, recordaré cada mañana al levantarme y pensar en cofrade. Y ojalá que me siga levantando el resto de los días que sean míos o me queden, con ese piloto automático que me lleva a ustedes desde hace ya veinticinco primaveras con una atracción que cada día es más grande, que se disfruta más, y que se siente de maneras más hondas y claras. Soy de ustedes dos... y no hay más...


En veinticinco primaveras, han pasado muchas cosas, desde que aquel chavalito que en su día fui, y que aun vive y perdura dentro de mi y que conmigo se irá cuando sea menester, se acercase a una casa de hermandad para preguntar si esa era la cofradía de mi colegio. Veinticinco primaveras, para gritar al viento, con la fuerza de los pocos pulmones que uno pueda tener con trece años (impar), que soy Tu costalero. Que solo te pido Salud, porque no hay más que te pueda pedir, y a lo que le sigue todo lo demás. Madre mía, sin Salud no somos nada...


Veinticinco primaveras, dulces y alguna amarga. Plagadas de espinas y de muchas rosas que calmaron poco a poco el dolor que me provocaron. Primaveras Tibias o destempladas y muchas, muchas primaveras calientes. Semanas santas frías y alguna que otra algo desorientada. Siempre libres, todas, amarradas a mi memoria, impares, eternas y mágicas. Primaveras al limite, satisfactorias, esclarecedoras, perecederas, errantes, angustiadas, victoriosas, amadas y queridas, sentidas y respetadas. Pero siempre vividas con toda mi alma. Todas... todas y cada una de las veinticinco primaveras que viví fueron siempre buenas. Las que vi estando solo y las que ví con buena compaña. Las que compartí con la gente que se resguarda bajo esta oscuridad, bendita y que nos da un faldón. Las que pude experimentar con mi trompeta detrás de los muchos pasos que he estado acompañando musicalmente con las bandas en las que he estado. Las estaciones que pude realizar como nazareno en algunas de mis hermandades. Todas fueron, son y serán... ya inmortales.


Lejos queda ya aquel chavalito que se acercó un buen día hace ya veinticinco primaveras a una Casa de Hermandad, para preguntar si esa era la cofradía de mi colegio. Nunca creí en los golpes de pecho, y es más. Los años me han demostrado que aquellos que se los dieron, tienen el pecho cuanto menos reventado. Pero si creo firmemente, en que aquellas dos palabras que se grabaron en mi corazón aquella misma tarde en la que yo me hice hermano de la Cofradía de mi Colegio, ahora son más calientes, más claras y arden con más fuerza mientras laten al compás de un corazón que siempre ha sido suyo. De Ellos dos. Jesús y María. A uno lo llaman Redención y a la otra, Salud del alma mía...


Pero no me quedé anclado en esos pilares y siempre quise ir a más, en todos los aspectos de la vida. Y durante estas veinticinco primaveras no he dejado de evolucionar, madurar, aprender, dejarme llevar, y sobre todo sentir. Sentir como hay otros cientos de hermanos, repartidos en otras hermandades, que por el mero hecho de sentir lo mismo que yo, pero con otras advocaciones de nuestra semana santa, no son menos que el que os escribe. Ni tampoco más... y por eso y con esa idea siempre en mi cabeza, fui dando el salto a otras hermandades que ahora son referente en mi vida. Jesús del Rescate, Señor y dador de Vida, fruto malherido que habita en la Magdalena. Rescate... Señor que le da la "gracia" a un barrio con ese mismo nombre. Rescate... lazo invisible que siempre estuvo ahí presente. Rescate... eterno nazareno de la mejilla amoratada, siempre por mi culpa...


Si tuviese que hacer un recorrido por los pasos que he acompañado musicalmente en mis veinticinco primaveras, la entrada sería aun más larga. Así que se quedan para mí, ya que han sido muchos años saliendo detrás de pasos en nuestra semana santa y en otras de los pueblos de Granada, incluso fuera de los límites de nuestras fronteras provinciales, Almería, Málaga o Jaén. Y como no quiero olvidarme de nada ni de nadie, por eso no nombraré a personas que han sido muy importantes en estas Veinticinco primaveras cofrades, musicales o costaleras. Mención aparte tienen mi familia, mi mujer, mis hijos y algunos que yo si considero "amigos". Pero si quiero nombrar en estas líneas las advocaciones que por los motivos cuales fuesen, yo si que he podido disfrutar desde la oscuridad que me guareció bajo sus faldones...

la preciosa Soledad de Mora y que vive en Santa Ana, 

la bellisima Virgen de la Paz aun saliendo de San Andrés, 

incluso la Borriquita de el Padul... gracias a Andrés, mil gracias...

la imponente talla del Señor de la Sentencia y su misterio en su primer año a costal, 

el palio más romántico de Granada y su dueña, la Virgen de las Maravillas, 

el mismo Dios - Jesús del Rescate, 

El Señor y vecino de mi barrio, el Cristo de la Redención, 

y la Señora y siempre Virgen Santa y pilar fundamental de mi vida,  María de la Salud, 

Tampoco me quiero olvidar, de lo que está por llegar y que si Ellos quieren y me lo permiten, pronto vendrán a sumarse dos estrenos poderosos, hablando en temas costaleros, y que se darán esta misma semana santa que ya está tocando a las puertas de la gloria... 

El Soberano Señor del Misterio de los Misterios, la Santa Cena Sacramental 

y el imponente crucificado del alto Realejo, el Santísimo Cristo de los Favores.

Mientras, me quedaré con la dicha, de haber nacido en el seno de una familia que sin ser cofrades, son creyentes. Que sin ser capillitas, son muy devotos. Y que sin ser jamás hermanos de ninguna cofradía, lo han sido siempre de las que es y ha sido su hijo, este que os escribe. Desde los trece años, siempre he estado cerca de este mundo, del que ya conozco algunas luces, y desgraciadamente muchas de sus sombras. Así que hoy brindo por estas "Veinticinco primaveras", porque me han dado mucho más de bueno que de malo. Porque me han brindado la oportunidad de conocer a personas increíbles y que de otra manera, no se si se hubiesen terminado cruzando quizás en mi camino. Y porque dentro de estas Veinticinco primaveras, he tenido el tremendo orgullo de poder acompasar mi son costalero, con el de mi hijo mayor. Y eso es un privilegio que no todo el mundo puede o vaya a experimentar. Ojalá todo el mundo tuviese esa oportunidad.


Y porque a pesar de que digan lo que digan de mi, seguiré pensando que es una lástima, que muchos estén más pendientes a lo que hagan los demás, que de lo que en verdad quisiesen hacer ellos mismos, ya que su constante atención a lo que hacen los demás, muestra cuanto se aburren, y ya se sabe, el diablo cuando se aburre, mata moscas con el rabo... Y es que la envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos, y que los celos son y aparecen por ver a otro poseer lo que quisiésemos poseer nosotros... y esto no lo digo yo. Lo dijo ya en el siglo III, Diógenes Laercio...


Y yo gracias a estas veinticinco primaveras, he gozado no sabéis como ni cuanto. He sentido moverse los pasos a la voz del que os escribe. Y he visto moverse los pasos al son de lo que yo mismo he interpretado. Y eso es muy, muy grande. Pero es que también he disfrutado a pie de acera, o en una bulla, con un buen trabajo costalero de otros muchos como yo, que se han metido bajo las oscuridades de faldones que anunciaban misterios, pasos de cristos o garbosos pasos de palio. Y me he emocionado y gozado hasta la saciedad, al escuchar una marcha interpretada por otros tantos músicos como yo, de otros estilos, bandas o provincias. Y he gozado de cabildos encendidos, corpus de altares, cultos de cualesquiera, via-crucis y traslados, las misas mías y las misas de los demás... 

Y he disfrutado cada palabra en cada tertulia, ya fuese avisada u improvisada, siendo un simple espectador o el invitado a la mesa. He gozado, no sabéis cuanto, aprendiendo de quienes saben, escuchando de quienes quieren enseñar y no se cortan en decir sus verdades, con las que se estará o no de acuerdo, y sobre todo he disfrutado estas veinticinco primaveras, intentando enseñar a los que preguntan y tienen dudas. A aquellos que viene detrás de mi  buscando respuestas, pues yo fui uno de ellos. Y he sido feliz debajo de los pasos, en los que he llorado y he reído, estando bajo ellos, a su amparo, e incluso fuera de los mismos. He disfrutado mis primaveras con todas las cuadrillas en las que he tenido el honor de poder estar perfumando las calles con aromas costaleros, a pesar de las muchas y duras peleas con la madera, la plata, los kilos y la cera.


¿¿¿Y saben lo que les digo???... Que pienso seguir haciéndolo. Que estas veinticinco primaveras solo han sido el comienzo. Y que las que estén por venir, las pienso seguir disfrutando de la misma manera, y lo que es peor para ustedes, los envidiosos, los que siguen mirándose nada más que su propio ombligo buscando solamente su propio beneficio. Voy a seguir gozando de todas las que me queden por delante, disfrutando al máximo con todo lo que signifique, parezca, suene, sea y huela a Semana Santa... hasta el último día de mi vida terrenal. Dicen que no ofende quien quiere, sino quien puede. Y ustedes, los envidiosos, por ese camino que llevan, conmigo no pueden. Así que mientras, y con vuestro permiso, esta entrada me la dedico a mi mismo... ¿¿porqué no??... 

Felices Veinticinco Primaveras, Abuín... felicidades...

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Foto cedida por Victor Ovies, de su web www.granadaphoto.com

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