Los que se meten bajo la oscuridad del faldon

jueves, 21 de octubre de 2010

Y de qué va todo esto??...

¿Y de qué va esto?. Pues esto es tan simple y tan antiguo como el título de la obra de García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”; es tan real como la propia vida, como una vieja historia de amor que acaba en drama, como la traición de los que suponías tus amigos, como el saber pero no querer contar, como el querer perdonar pero no olvidar jamás las afrentas.

Esto va del anual pulso que los de abajo le echan a las antiguas piedras de los arcos de medio punto, y del amor y el rezo a una madera que nos hace imaginar paraísos perdidos, que nos acerca una fe intangible y que nos hace recapacitar cuando, en ocasiones, metemos inevitablemente la pata. Va del pellizco en el corazón cuando se intuyen notas musicales a media tarde en la puerta de una Iglesia.

Esto va de la desesperación del que ya no tiene más lágrimas que gastar, pero siente la necesidad de seguir llorando en silencio bajo un capirote, confiando a unas manos cargadas de rosarios bamboleantes su incierto futuro laboral, o su inevitable naufragio sentimental, o la inesperada enfermedad de los suyos.

Esto va del éxodo de todo un barrio que vuelve un día al año a recuperar sonrisas diseminadas por la anchura de la Vega en poblaciones limítrofes a lo imposible de pagar, y que se abraza con fuerza cuando los capirotes de colores toman de nuevo aquellos gastados adoquines que a uno lo vieron jugar de niño, al otro le marcaron la rodilla para siempre y al tercero lo vieron casarse emocionado delante de aquella eterna mirada cabizbaja, de sus manos atadas y de su expresión hiriente.

Esto que hoy nos trae y nos une, va del reencuentro con los conocidos de toda una vida perdidos en la memoria, con los besos que no dimos y que no sabemos adonde fueron, con las almas que años atrás se asomaban a los balcones para tirar la petalá a un paso de palio que ahora contemplan de forma diferente desde la lontananza de su actual mirador.


Esto va de acostumbrarse a dormir a tus castas al son de “Virgen del Valle” mientras acompasas tu caminar por un oscuro pasillo que puedes convertir, en un momento dado, en la mejor entrada imaginable en Carrera Oficial.

Esto va de la tradición de la llamá y de su respuesta juncal, del laborioso ritual de la vestimenta cuidada, del necesario respeto a la veteranía y a lo antiguo (que siempre han sido un grado), del abrazo sentido cuando la cosa va bien y del abrazo sincero cuando la cosa ha ido mal, porque no hay mal que cien años dure ni pena que no pueda ser compartida.

Esto va del nervio cuando se abre el portón de madera y la luz se cuela con angustia entre las tufaradas de incienso; de la tensión en los rostros mientras se faja la costalería y el capataz no quiere siquiera mirar la puerta de reojo aunque sepa de sobra que sale… cada cosa en su momento.

Esto va de la sonrisa y la foto para la posteridad, como posaban Joselito y Belmonte, conscientes de estar haciendo historia en cada tarde, en cada enfrentamiento, en cada momento en el que se jugaban la vida y el triunfo; y también va del intento continuado de ser mejores en cada ocasión, de pulirnos, de mirarnos, de querer perfeccionar lo ya perfecto en muchas ocasiones, de ser autocríticos hasta que duele el alma de sinceridad. Esto va de querer quitarle hierro al asunto cuando se tuerce el trabajo, y de intentar levantar el ánimo en los momentos de mayor dureza aún a costa de ser momentáneamente inadecuado.

Esto va de la psicología y la mentalidad que deben tener siempre los ganadores, puesta al servicio de la fe a través de un esfuerzo físico que es colectivo, gratuito, criticado por terceros e injustamente reconocido. Ninguno será nunca realmente bueno si no trasmite a los demás ese sentimiento de victoria, de poderle a aquello, de creer mucho en lo que se está haciendo, de tener confianza en el que va delante, en los que van debajo contigo y, sobre todo, en el que va encima mecido al compás que tu marcas.

Esto va de las obsesiones y las manías: del quedar siempre en la misma esquina con los de toda una vida, del salir siempre a la misma hora para cumplir los rituales, del tenerlo todo exquisitamente preparado para que el nervio no pueda con la fragilidad de la memoria, del comer siempre lo mismo, del querer vestirse de nazareno siempre en el mismo sitio, de que te tire siempre de la ropa el amigo del alma, de tener siempre las mismas palabras de tranquilidad para los demás en el instante adecuado en el que el corazón te galopa como un caballo salvaje por la rocina de Doñana.

Esto va de querer que tu simiente germine para poder vestirla de monaguillo y llevarla de la mano al templo contigo. De querer aguantar físicamente los años necesarios debajo del Señor o de la Virgen para poder pasearlos con tu hijo. De querer enseñarle que aún existen la amistad sincera bajo los faldones, la admiración mutua, y el trabajo humilde.

Esto va inevitablemente de las modas, que convierten a algunos de los de abajo en modelos de una pasarela flamenca en la que se supone que deben triunfar los metrosexuales de barbita descuidada, pechos rasurados, tatuaje estratégicamente situado para que se vea, tableta de chocolate y gesto impenetrable, ataviados con colores imposibles, que se toman aquello como si se tratara de rellenar las inmaculadas hojas de una “chorviagenda”: el año pasado salí con esta, con esta y con esta, y este año he salido con la otra y con aquella, que aunque fea y coja, es facilota y se deja. Eso sí, que me den poquitos trabajos en todas, que si no el tío no cumple. Mentira que es.

Esto va de lo mismo que iba aquella mirada al cielo del 7 de España, del Gran Capitán, de Raúl, que mientras sonaba el Himno Nacional, perdía la vista en el infinito buscando la bendición para su trabajo, la suerte para estar al nivel exigido, la fuerza para conseguir un triunfo y la protección para poder sentir ese mismo orgullo, esa misma satisfacción y esa misma responsabilidad en muchas más ocasiones a lo largo de la vida.

Va de la renuncia personal a lo que más le gusta a uno, porque una maldita lesión de espalda no te deja disfrutar de lo que adoras, de lo que quieres y de lo que ansías, y te tiene consumida en una incesante sucesión de dolores continuados que te han llevado a hacer lo que nunca pensaste hacer para estar al lado del Señor con los tuyos.

Esto va también de la emoción de saberse alumbrado por decenas de almas cada vez que se arría el palio, dedicando chicotás a las sombras, a las ausencias, a los niños que no vieron jamás la luz, a los abuelos que se apagaron en el tiempo, a los padres que partieron para no volver, a los necesitados, a los impedidos y a los que no aciertan a verle la amabilidad al estar vivo, porque han perdido toda esperanza en su existencia. La Esperanza es lo último que se pierde, es la verdad verdadera… y además es lo más grande.

Esto que hoy nos une en el León, es una amalgama de colores, de olores, de sensaciones a flor de piel, de sentimientos inenarrables, de regomellos en el alma, de risas incontrolables, de pellizcos en el corazón, de detalles que colman tu existencia para gastar horas y horas a lo largo de todo un año ansiando que el Domingo de Palmas y Ramos no haya jirón alguno en los cielos, y que se mantenga así toda esa semana que resume una vida entera.

Por todas estas cosas, y porque nos resistimos a pensar que no hay nada más allá del frío de un sepulcro, nos calentamos la cabeza y nos dejamos besar (aunque intuyamos que muchos de esos besos sean como los de Judas), y nos comemos el orgullo por el beneficio colectivo, y nos peleamos por nimiedades que casi siempre aparejan la vanidad personal como trasfondo, y nos obligamos a quitarle muchas noches de compañía a los que conviven con nuestro mal genio o con nuestra desgana, porque aunque ellos no acierten a entenderlo, en un segundo plano, también consideramos “los nuestros” a los que nos esperan en un ensayo de madrugada un viernes, o en un eterno cabildo extraordinario de fin de semana, o en una infumable reunión de mayordomos avisada horas antes un día cualquiera. No significa que sean prioritarios: significa que, para bien o para mal, nos complementan la vida. Ya lo decía mi abuela: “prefiero un nieto cura a drogadicto”.

Por todo esto y por mucho más, nos aventuramos en muchas ocasiones a abrirnos la natural coraza que a todos nos acompaña, para que luego llegue el desalmado de turno y sin derecho alguno nos estruje el corazón. Qué atrevida es la ignorancia, y qué malvada es la envidia, pero qué grandes satisfacciones se obtienen cuando suena la hora adecuada en el reloj de la Iglesia, se fija la mirada en un solo punto a través del capillo y se escucha el chirriar de las hojas que abren las puertas de la Gloria, para que el Redentor cruce el infierno de las tinieblas y bendiga incluso a los que no se lo merecen.

Qué grandes satisfacciones se obtienen cuando realizando tu trabajo de la mejor manera posible, escuchas llorar a tu lado a personas hechas y derechas. Qué grandes satisfacciones se obtienen cuando el esfuerzo de todo un año bajo los relentes de la intemperie pone tu corneta al servicio del movimiento “a costero” del paso de tu Hermandad. Qué grandes satisfacciones se obtienen cuando uno sacia su necesidad de comunicación contándole a los que no pueden verlo lo que sucede en una recogía de enjundia a través del micrófono de una radio, o a través de unas pobres palabras en un Blog.

Lo más hermoso de todo esto, sonrisas y escalofríos aparte, es que en un mundo cada vez más separatista y con menos valores fundamentales de convivencia, unos cuantos chalaos somos capaces de organizarnos para compartir un día de inicios de otoño por el simple hecho de apreciarnos, de creer y de sentir.

Nadie que no haya vivido esto con la misma intensidad que lo hemos vivido nosotros, sabrá jamás de lo que yo estoy hablando y de lo que vosotros estás sintiendo. Justo por eso, tomo mi copa, la levanto, y brindo con vosotros utilizando las mismas palabras que siempre repetimos bajo del Señor de los Panes y las Espigas cuando llegamos a Jesús y María consumiendo las horas del hermoso día que abre la semana de la ilusión, de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección de nuestras almas… “por los que fuimos, por los que somos, y por los que seremos”.

He dicho.

Alvaro Barea... Momentazo del II Leonazo...

Gracias, artista... yo te doy un Tres sobre el Tres...

4 comentarios:

  1. Esto va de ser afortunados y derretirse sintiendose cofrades, ni más ni menos...

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  2. Gracias Paco... no lo había visto... y gana con las imágenes... Gracias.

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  3. Está realizada con todo el cariño del mundo.. y las imágenes, bueno... algunas no diran mucho por el contexto de tus bellos parrafos, pero he tratado de que estuviesen presentes todas las advocaciones que nos hacen sentir algún pellizco y saber de que va todo esto, al menos a los que estabamos por allí esa noche, mágica y muy buena...

    Un abrazo tela de gordo, artista.. y por cierto... ¿¿quien carajo es Paco?... jajajaja...

    Pd: a mi fue la parte que mas me gustó y me araño en un momento el alma.. y aun la araña... ojalá muchos supiesen de verdad.. DE QUE VA TODO ESTO...

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