Los que se meten bajo la oscuridad del faldon

jueves, 10 de junio de 2010

No se que tienes, Madre mía...



No se que tienes, Madre mía. Nunca lo he sabido a ciencia cierta. Pero algo tienes que en lo más profundo de mi ser, se me clava en mis carnes abiertas cada Jueves Santo, mientras intento abrazar el madero que se convierte en daga afilada que penetra mis cinco sentidos y agudiza infinitamente mi fe. Contadas veces he subido a verte, y algunos de tus hermanos lo saben. Siempre que he tenido ocasión, mis pasos me han guiado hasta Cristo Rey, para poder echar un rato de charla contigo y con el infinito Amor que desprende tu hijo, Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Pasión... esa espina que atraviesa su ceja no tiene parangón alguno... y en ella me quedo extasiado... ¿¿seré yo esa espina, Señor??... si es así, dime que puedo hacer para quitártela del medio, aunque después la siga viendo en contadas primaveras... pero no me quiero desviar el tema. Hoy quiero hablar de Ti, Madre que dejas huella...

Y no se que tienes, ni que carajo será... pero algo tienes, y sigo dando vueltas a las posibles respuestas, muchas veces sabiendo que son todas o ninguna de ellas. ¿Será tu fruncido del ceño?.

¿Será tu aroma a constelaciones divinas y benditas, perdidas en el fulgor de cuantas estrellas te miran y te alumbran al caer la tarde noche del jueves santo granadino?.

¿Serán tus hechuras de Madre albaicinera, mujer de barrios antiguos con la presencia de las carnes rotas y las manos encogidas de tanto dolor?.

No lo se... pero algo tienes que me enamora... y que me enamoró hace ya tantos años, camino del Cerro del Aceituno, que es tan dificil de explicar, como fácil a la vez de comprender... la mirada fija siempre en el mismo destino, en el mismo fin, en el mismo punto exacto por donde tu hijo camina implacable bajo el peso de la cruz, buscando el aire que le falta, para terminar de dar sus últimos pasos antes de llegar al calvario, para ser Despojado y Crucificado por todos nuestros pecados... y Tu, mientras, impertérrita y tragando saliva, apretando las uñas contra las palmas de las manos convirtiendo tus pasos en regueros de sangre pura y limpia como fue la mismísima concepción del Maestro...

A donde vas tan guapa esta tarde, María??... a donde vas??... que te veo bajo el azul cielo de tu palio, y no acierto a entender hacia donde caminan esta tarde tus pasos...

A donde me quieres llevar esta noche, María??... a donde??... si no veo más que a lo lejos, el sufrimiento de tu hijo y la comisura de mis labios tiembla como cuando tenía frío de chiquillo...

A donde van tus miradas, María??... a donde van??... que puedo hacer para que tus pupilas brillen de alegría Madre, en esta noche tan aciaga... donde no veo brillar estrella alguna en el firmamento, pues dejaron de lucir en la penumbra de esta maldita noche que nos trae tan solo llantos de dolor y lamentos por el tormento del Rabí...

Pocos se acuerdan de ti durante el año, hasta que no te ven aparecer por las viejas calles empedradas en tu paso de palio, garboso y coqueto, pequeño altar albaicinero por el que navegas en noches tan oscuras como esta que estamos presenciando... mañana, todo se habrá consumado, y volverá con fuerza a resplandecer esa estrella que nos ilumina el día a día al resto de los mortales... pero esta noche no brilla ninguna en el cielo. Un cielo normalmente cuajadito de estrellas que esta noche parece haber borrado el mismísimo diablo... ¿¿donde están tintineantes las estrellas esta noche??...

No veo ninguna... ¿¿o es que mis ojos empañados por las lágrimas no me las dejan ver??.

Puede ser, pero no es así, pues tras secarme las lágrimas no veo ninguna brillar. No, hoy no brilla ninguna estrella en el cielo de Granada. Y no lo hacen, porque todas las estrellas del firmamento hoy las llevas iluminando tu cara, desde la misma niña de tus ojos, todas en tus pupilas que nos muestran el verdadero camino, en la certeza de que estamos viviendo el momento en el que los cristales se hacen añicos y los gritos de la vieja Jerusalén revientan nuestros tímpanos y apenas nos dejan percibir la música que suena de fondo...


Creo que la banda está interpretando "Estrella Sublime"... dejemos que suene... y con ella, te mando mis plegarias y mis oraciones...

Nunca dejes de brillar, Estrella... Madre albaicinera... no se que tienes, Madre mía, pero a mi se me sigue encogiendo el alma cada vez que me acuerdo de ti... y a estos, también...

Algunas de las fotografías están extraídas de la galería de Mazintosh

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