Los que se meten bajo la oscuridad del faldon

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domingo, 6 de mayo de 2012

Por cierto, no vuelvas...


Hoy no te eché de menos. Bueno, la verdad es que llevo días, semanas, y diría que meses, sin echarte de menos. Para nada. No me haces falta. Ya no te espero. Ni siquiera te recuerdo. Ya no caminas a la vera de este que sigue haciendo sombra todos los días. Me levanto y no estás. Me despierto muchas noches y no te tengo. Siento y sé que te fuiste, y no sabes como y cuanto me alegro. Ahora sé, que abandonaste tu rincón favorito. Ese en el que pasabas las noches, agazapada en mi regazo. En mi mente. Y en mi corazón...

Cuando en la mañana me haya ido, como cada mañana con el sol, no tendrás mio ningún recuerdo. Solo un hueco en la almohada, donde meter mi olvido. Y hoy he sabido, que paseando por Granada, esta Granada mía, que es mía porque mía es, no se que carajo has estado haciendo tanto tiempo a mi lado. No te echo de menos. Es más, ni siquiera me acuerdo de ti. De tus maneras. De el olor que dejabas por toda la casa. Del frío que me calaba los huesos, al entrar en aquella habitación. De el regusto amargo que dejabas en el pozo de mi quietud, por no saber que hacer contigo, y como deshacerme de ti...

Y hoy, después de muchos días rondándome la idea de no querer verte nunca más, he sentido que ese vacío que dejaste en mi, y bendito el día que lo dejaste, se ha llenado de lo contrario a ti. No te echo de menos, no te extraño, no te busco, ni siquiera me acuerdo de ti. Tampoco me hace falta. Espero de corazón, que nunca jamás vuelvas. Que te vaya bien. Que encuentres otro regazo, otro corazón, otra mente y otra alma en la que refugiarte. Que te vaya bonito. Que no regreses a mi vida. Que jamás te acerques al quicio de mi puerta, y que si puede ser, evites todas las calles por las que yo paseo, y que siempre me conducen inexorablemente a donde siempre quise estar, y ser...

Te quedaste tanto tiempo anclada en mi, y en mis ojos, que hubo siempre alguien que me lo notó. Sabían de ti, por mi. Hubo quien preguntó por ti, no hace mucho. Los hay, que hoy mismo se preguntarán si sigo contigo, o si tú sigues conmigo. Ya les puedes decir, que no. Tranquilamente. Sin ningún reparo, por que así lo haré yo. Y todos lo sabrán. Ya no estás. Ya no caminas a mi lado, ni te sostengo en mis brazos. Ya no te cuelas en mi alma, ni traspasas mi corazón, como lo has estado haciendo tanto tiempo. Ya no hay un hueco en mi vida para ti. Y ya puedes pedírmelo, que no te lo daré. Te dejé, sin pensarlo siquiera y sin saberlo tal vez, un trozo de mi vida,... y te tomaste la libertad de quedarte a vivir en él, como si te pensaras que no llegaría el día en el que tuvieses que partir, salir de tu cueva vacía e inerte, y marchar lejos de mi...

No te añoro. No te quiero. Ni siquiera te siento. Y ahora, no me explico yo, que hice tanto tiempo junto a ti, ni el por qué te quedaste conmigo tanto tiempo. No lo se, pero tampoco me importa. Ahora solo vale saber que te has marchado, que has hecho bien en hacerlo, y que no te quiero volver a sentir a mi alrededor... y por cierto... hoy, el primer día después de cumplir ayer treinta y nueve años impares, me he dado cuenta, de cuanto tiempo, vida, sonrisas y alegrías he desperdiciado a tu vera. Y nadie sabe lo bien que me ha sentado el saber que ahora sí que sé, que no volverás, por que yo no dejaré que así sea...

Por que más fuerte que tú, son las guitarras y el són. Las calles del corazón. Las curvas de la belleza. Más fuerte que tú, son los geranios en flor, los sueños que dan licor, los bulbos que dan la tierra. Y entonces recuerdo, que cada vez que estuviste cerca de mi... tenía que haberte dicho "vaya usted con Dios..."... ahhh... se me olvidaba, pero no te pido perdón.... no dije tu nombre, lo siento... pero no lo dije a conciencia, por que quiero que esta sea la última vez que mis labios te nombren... porque más fuerte que tú, son tres minutos de amor, el valor del perdedor, la estrellas de la sierra... y ojalá hubiese tenido antes la lucidez que mi cabeza tiene hoy, para haberte dicho en su momento... "vaya usted con Dios"... y no vuelvas... y ahora sí, diré tu nombre... pero por última vez... por que ya te dejé que estuvieses mucho tiempo cerca de mi... muy cerca de mi,... tan cerca de mi, que te quedaste a vivir... pero hoy, fíjate por donde, no estás...

No te echo de menos. Bueno, la verdad es que llevo días, semanas, y diría que meses, sin echarte de menos. Para nada. No me haces falta. Ya no te espero. Ni siquiera te recuerdo. Ya no caminas a la vera de este que sigue haciendo sombra todos los días. Me levanto y no estás. Me despierto muchas noches y no te tengo. Siento y sé que te fuiste, y no sabes como y cuanto me alegro. Ahora sé, que abandonaste tu rincón favorito. Ese en el que pasabas las noches, agazapada en mi regazo. En mi mente. Y en mi corazón...

Así que espero no volver a verte nunca más... Adiós, Tristeza... Adiós...

martes, 14 de diciembre de 2010

Tendrá que haber un camino...


Tendrá que haber un camino

Tendrá que haber un camino,
habrá un camino
que me lleve,
que me lleve donde pueda estar.

Si no aparece el camino
no se dónde va a pasar.
Tendrá que haber un camino
que me lleve a donde pueda estar.

Otros prefieren quedarse,
prefieren quedarse,
aunque no puedan vivir.

Y yo prefiero la muerte
antes que seguir allí así...

Otros prefieren quedarse
aunque no puedan vivir,
aunque no puedan vivir.

DESCANSE EN LA PAZ DEL REGAZO DE LA MADRE AMARGURA....

D. ENRIQUE MORENTE COTELO

lunes, 13 de diciembre de 2010

El Sol... la Sal... el Son... y antes de que te vayas...


El Sol... la Sal... el Son... y antes de que te vayas... pero mejor, y si usted me lo permite, le hablaré de usted. Es una costumbre, no??... gracias, Don Enrique... se que a usted no le molestará.

Antes de que usted, Don Enrique, deje de estar definitivamente entre nosotros (que eso no pasará nunca), permítame decirle que fue un placer conocerle personalmente y poder estrechar su mano, no hace mucho tiempo, en la Taberna Divisa Blanca en plena calle Navas, la cual frecuentaba usted con cierta asiduidad. Antes de que se esfume su alma en busca de otros compases más lentos y eternos, déjeme decirle que es usted un Grande del Flamenco y que siempre lo será. Seguramente, en cuanto todo su magnífico ser, coja esa estrecha vereda plagada de luz, y llegue al final de la misma, no me cabe duda que su Madre Amargura estará esperándolo con los brazos abiertos...

Usted para nuestra fortuna, tuvo la inmensa bendición de nacer en Granada, un día de Navidad de mil novecientos cuarenta y dos. Las cuestas del Albaicín las recorrió todas. De arriba abajo, y de abajo arriba. Fue usted acunado bajo el mágico susurro de su madre y empezó a beber los vientos del flamenco a muy temprana edad. Usted fue "seise" de la SEO Metropolitana en Granada, y para gloria de los cofrades de esta ciudad cada Lunes Santo sabíamos donde encontrarlo. Yo aun recuerdo aquel apretón de manos un Lunes Santo en calle Navas en el 2009, cuando al salir de un relevo en el Señor del Rescate, tras subir la Cuesta de el Cuadro de San Antonio, me lo tope de frente en la misma puerta de la Taberna. -"Muy buenas, Maestro..., me alegro de verlo" -"Buenas son, chaval, muy buenas que son"... y si que lo eran...

No era para menos. Su Amargura se paseaba por las callejuelas del Realejo, y usted mientras se afinaba nuevamente la voz con un trago fresco y amigo. Siempre recordaré su mano amable y curtida, y sus ojitos pequeños, limpios y claros, los cuales se perdían en esa cara bonachona. Lo recordaré siempre en ese preciso momento, porque para escuchar todo lo que usted ha hecho por el flamenco, hay está su legado. Para escuchar sus saetas, permítame que me quede con la que ha sido la última saeta que se le ha cantado a la Virgen de las Maravillas, hasta que si Dios quiere, vuelva a salir el próximo Domingo de Ramos y alguien le vuelvan a cantar. Y que usted tuvo el placer de regalarnos y nosotros la inmensa fortuna de escucharla bajo el paso, en el Patio de San Pedro y San Pablo, bajo el arrullo del agua del Darro, la mirada atenta de su majestad Alhambra, y la luz que en Granada siempre es especial, y aun más, al llegar la Semana Santa.

Gracias Don Enrique. Por su alma flamenca siempre innovadora y revolucionaria, y su querencia por el compás, el buen gusto y la clarividencia a la hora de ver mejor que nadie las fusiones entre el flamenco y todo lo demás. Y todo eso, sin desmerecer jamás, su profundo conocimiento del cante "jondo" más profundo y más estudiado. Que lástima que usted se nos vaya ahora, que han nombrado recientemente al Flamenco "Patrimonio de la Humanidad", cuando el verdadero patrimonio son las personas, sean flamencas o no. Que pena, Don Enrique, que se haya pasado usted la vida misma, intentando encontrar esa estrella, cuando la "estrella" era usted en si mismo.

Sabemos que los tuyos están contigo y mientras yo estoy escribiendo lineas que son marchitas como estos días de diciembre, los cuales son para mi y desde hace ya muchos años días de amargura, me llega la triste noticia de su muerte. Prefiero seguir pensando que estrecho su mano, y que le doy las buenas tardes un Lunes Santo en una abarrotada calle Navas, mientras usted se refresca la garganta en la buena compaña de su esposa Aurora Carbonell, la cual seguirá bailando aun estando "quieta y pará". Yo prefiero y quiero seguir recordando ese instante. Yo con el Dios hecho madera y que se pasea por esta bendita ciudad en donde lo llamamos Rescate y usted aun con el pulso cogío en las entrañas de su alma santiaguera, de venir de cantarle a su bendita Madre Amargura... los dos lo esperan seguro en las puertas del cielo. Los dos le harán la vida eterna mucho más fácil. Y los dos, estarán ya disfrutando de sus quejíos y de el dominio de los todos los palos y ese medio de más...

Y para rizar mucho más el rizo, usted se nos marcha un Lunes... impar... trece, y seguramente lo haya hecho al compás de la nana de oriente. Y con usted se nos va, la voz libre del flamenco y el abanderado de la vanguardia más innovadora del cante "jondo". Descanse usted en la paz del regazo de la Bendita Madre Amargura. Yo seguiré acordándome hasta el fin de mis días, de ese lunes santo... y así, siempre permanecerá usted vivo en mi memoria...

Pd: esta entrada se empezó a escribir, antes de recibir la noticia fatal de la muerte de Don Enrique Morente Cotelo, siendo las 17:08 de la tarde del 13 de diciembre. Me cogió la noticia con la entrada a medias, y ya no he querido cambiar su título. Mi más sincero pésame a la familia Morente.



El palio más romántico de Granada - La Virgen de las Maravillas

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Foto cedida por Victor Ovies, de su web www.granadaphoto.com

El Misterio de los Misterios - La Santa Cena Sacramental

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