Los que se meten bajo la oscuridad del faldon

lunes, 26 de diciembre de 2011

Jamás te pedí otra cosa...

Jamás te pedí otra cosa,... porque ¿¿¿como pedirte a Ti???...

Jamás te pedí otra cosa, porque ¿¿¿como hacerlo, Madre???...

Y jamás te pedí otra cosa, porque ¿¿¿quien soy yo para hacerlo???...

Jamás te pedí otra cosa, porque no la necesité...

Así que dame siempre Salud... solo te pido eso, como siempre te la pedí...



viernes, 23 de diciembre de 2011

Dicen que fue aquí...


Dicen que fue aquí. Dicen que fue en ese preciso lugar. Una ciudad normal de Judéa. Cuentan de ti, que en Árabe significas "la casa de la carne". Que en Tiberiano tu nombre es la "casa del pan". Y en Cananeo, la denominan "la casa de Dios". Me da igual. Fuese como fuese, hoy día sigues siendo ciudad palestina, cercana a la Jerusalén bíblica, de encrucijadas callejuelas que dan a los montes cisjordanos de una Judéa ancestral, que ya no es lo que era, pero que poco dista de lo que fue. Hoy en día, urbe mitad musulmana, mitad cristiana. Cristianos en su mayoría ortodoxos. Me da igual... 

Belén, te nombró Amenhotep III ya en el año 1350 a.C. en aquellas cartas encontradas en Tell al-Amarna. Que casualidad que posterior a su reinado, su hijo Akenatón, fuese considerado por su propio pueblo, el Faraón hereje, por no creer más que en un solo Dios. Mucha casualidad, pero aun así, me sigue dando igual... no voy a entrar en conjeturas que yo hago mías al caer la tarde y me fascino al llegar las noche en la que tumbo mi cuerpo mientras sueño, mi cabeza descansa (no siempre), y mi alma sonríe...

¿¿¿Porqué fuiste a nacer en Belén, y no en otra parte???... ¿¿¿porqué la noche os cogió de imprevisto y no encontrasteis más que un pobre pesebre donde dejaron tu cuerpo caliente para que no se enfriara???... ¿¿¿porqué de todas las ciudades, tuviste que nacer en Belén???... ¿¿¿acaso estaba escrito, que habiendo sido cuna del Rey David tuvieses que nacer en tierra que fuera cuna de tus ancestros más reales???...

La verdad es que van pasando los años, ya van para más de dos mil y ese dato me da hasta igual. No está la tarde como para filosofar, ni mucho menos dar clases de historia a nadie, no siendo yo profesor de nada y aprendiz de todo cuanto puedo. Pero en el fondo, lo que os vengo a decir, es que me da igual donde naciese el Hijo de Dios. Realmente esa referencia, apunte o reseña, con los años me sobra, y queda puramente en una circunstancia puramente anecdótica... 

Porque yo se donde nació. Donde se crió. Donde dio sus primeros paseos de la mano de su Madre. Donde se cayó al jugar entre serrín y virutas gastadas. Se donde aprendió. Se donde empezó a irradiar una tremenda paz y un exquisito calor humano. Se cuando partió hacia una muerte segura, derramando toda su sangre por nosotros. Y lo se, porque el bordón templado de un tambor me lo dice a cada latido. Y con cada compás de mi respiración, mi alma se engalana de faldones terrenales que nos guardan el anonimato, ese que rompemos a las primeras de cambio, porque somos lo más de lo más...

Y como se todo eso, también se donde se quedó... y con eso tengo bastante. Y ese no es otro sitio que mi corazón... así que si alguien os pregunta mañana, que donde carajo nació el más Bendito de los Benditos... mirarse pá dentro, muy dentro de cada uno de vosotros mismos... porque si no está ahí, de nada servirá que me contéis milongas de que si fue en Belén, en Nazaret, o en el Burro-Taxi...


Felices Fiestas a todos los seguidores de Bajo la Oscuridad del Faldón... y para todos, de corazón...
Salud, Fuerza, Honor y Libertad...

martes, 20 de diciembre de 2011

Pasada ya la primera quincena...

Pasada ya la primera quincena de este mes despiadado como pocos, afilado y cruel donde los recuerdos más cercanos se mezclan con esos ecos lejanos que ya serán inmortales, y te quitan todas o las pocas ganas que le queden a uno de escribir, me he decidido a hacerlo, sabiendo no obstante que no me servirá de mucho. O eso creo...

De todas maneras, las salpicaduras de espuma y sal del pasado día 8 de diciembre aun escuecen en mis manos, mi frente y mi cuello. Esa salada sensación fresca que adormece los sentidos y te reporta momentos que por incomprensibles que parezcan, todos tienen sus porqués y sus sentidos de ser y pasar... o ya haber sido, y haber ya pasado...

Nadie que no haya perdido a personas que hayan marcado a fuego templado, el devenir de los tiempos que uno pasa en este mundo, sabrá de que estoy hablando. Nadie que no se haya acercado con tres flores a una tumba donde yacen inertes, los restos de aquella persona que sonrió a la vera de tus tardes cansadas de juegos, que te legó su ser y sus maneras con cada mañana fresca a la que asomarse en días de sol, que te dio sin tu saberlo un destino y un fin, que te dejó muchas más cosas de las que en un principio creíste tener y que ahora te das cuenta de que siempre estuvieron contigo... nadie sabrá ni remotamente de lo que estoy hablando... o escribiendo...

Estos días, son para mi días de amargura. No la de aquella Virgen preciosa que saluda cada año a la cofrade calle Santiago. Siempre lo dije desde punto y hora en que se marchara para siempre, una de las personas que más me ha marcado en mi vida y de la que no dejo de acordarme, ya no por su muerte, que también, si no por su vida. Por todos y cada uno de los momentos que pasé a su lado. Por cada segundo que Dios me permitió vivir a su vera. Siempre, siempre estaré agradecido por esos segundos. Por esos instantes de felicidad que en su momento no se valoraron quizás lo suficiente, y que hoy, como siempre tarde, se extrañan, se echan de menos y te hacen pensar infinidad de veces, que serías capaz de hacer cualquier cosa solamente por un instante más... un segundo más frente a quien si te demostró, que querer es dar sin esperar recibir nada a cambio... querer por el mero hecho de querer... ser a manos rotas contigo y con la vida, porque la vida luego al final tarde o temprano te las terminará rompiendo...

Y yo llegados estos días, daría lo que fuese por un roce de su piel, por un beso en su mejilla, por una mano suya en mi frente o en mi cara, por el tacto de sus sábanas frescas en verano y calientes en invierno, por el olor de su cocina, por su pelo ajado y de blanco roete, en tremendo contraste con aquellas vestiduras negras, siempre negras desde que la conocí. Lo que fuese, haría lo que fuese por una tarde más con la que bajar a la tienda de Antonio, por pasear por el casco viejo de la ciudad mas sexy de la costa granadina, por que me llamara a voces desde su balcón las tardes que se me hacía tarde jugando en los patios de el colegio de La Antigua. Daría sin pensarlo mi vida, aun a sabiendas que eso ya no será posible...

Sin embargo, cierro mis ojos cada vez que estoy bajo su balcón y la veo. Y la siento, y la quiero... y eso será inmortal. Porque así lo quiso ella y porque así lo quiero yo... y porque cada día que pase en esta vida hostil y despiadada, sabré, que no se de que maneras y con que porqués, que ella está ahí. Cogiéndome la mano y diciéndome una vez más... "Francisco, vamos... que ya viene el Señor... ¿¿¿oyes los tambores???...

No te quiero, Abuela... esto no puede ser querer... esto tiene que ser mucho más que todo eso... y te echo mucho, mucho de menos... tanto, que no se que hago aquí tantos días que pasan lentos y me asfixian. Seguramente me quede algo que hacer... seguramente el Señor me tenga preparado el salvoconducto que me lleve a estar contigo... pero antes... déjame decirte una vez más, que te Adoro... y que eso no cambiará jamás. Por muy mal que se me den los días que hayan de venir... siempre te llevaré flores, tres... Tu, yo y nuestro amor que ese si que será siempre INMORTAL...


lunes, 28 de noviembre de 2011

Antes de que llegue diciembre...


Antes de que llegue diciembre, y con el los días de amargura que siempre llegan con el que hace doce, para llevarse con ese mes como todos los años muchas de mis sonrisas, os quiero dejar una imagen extraída de este blog  que a mi me dice muchas cosas y me alegra y reconforta, alma, corazón y vida. Porque han sido muchas lunas las que he visto ya en mi vida partir hacía el fondo de la tierra y de la mar, rompiéndose en mil pedazos por Peña Escrita en los fríos y crudos inviernos, o sumergiéndose en las aguas quietas de la Punta de la Mona. Y no existe, como nunca existió para mi ese pedazo redondo de piedra fría y materia gris, al que todos miran y que siempre nos oculta algo. Y algo que se oculta, por muy bello que sea la cara que nos da o nos deja ver, nunca debió de ser bueno...

Ese satélite que pulula originando mareas y maremotos, no sería nadie sin el reflejo de la luz. Sin la que le llega de otro astro que si nos da la vida y al que todos llamamos Lorenzo, Astro Rey, El Sol, Oripandó, etc, etc. Ese si es fuente de vida, y por eso está donde está, en el centro de nuestro sistema. Le da sentido a muchas cosas, hace que otras sean posibles y algunas de las imposibles nos las deja en la retina con cada amanecer y con cada atardecer. Y encima cambia constantemente en su ebullición natural, para proveernos de calor, de luz, y de lo necesario para recargar las pilas de vez en cuando. Pero ella, siempre está de una manera o de otra presente en nuestras vidas. Con ella llega muchas veces la oscuridad, pues hay veces que pasa por encima de nuestras cabezas y ni siquiera la vemos. Esa luna nueva que desdibuja los cielos románticos y placebos de quienes para si la intentan abarcar, cazar, anudar con hilos de melancolía y bajar a los pies de quien así la quiera para si misma... yo no la quiero. Nunca la quise, y no creo ni se un porqué, que me haga tener que quererla...

Pero si la he visto reventar de locura, de soledad y de desarraigo, en cada una de las condenas que me han impuesto, o que yo mismo me he logrado regalar para mi mismo. Si la he visto al levantar la mirada y saber que después de El no hay nada ni nadie, y que por eso ni existe, ni existirá. Si la he visto de refilón, pero siempre hubo algo que consiguió apartar de ella mi mirada. Si la he visto de lleno al llegar la primavera y romperse los ecos sonoros de tambores destemplados tras un crucificado que se, que si no va muerto, ya poco le queda. Si la he sentido, lastimar aun más hondo en mi corazón con cada mirada alzada y puesta en un madero donde se apoyan talón, cintura y espalda del más bendito de los nacidos. Así que no me hablen de ella, pues no existe si la mirada perfila tres clavos ensangrentados con sabor a mezcolanza, canela y clavo.


No, que va, tu ya no puedes conmigo. Luna que engañas y que te sientes sola porque sin luz ni alumbras ni eres nadie. Ni siquiera te echan de menos los que pasan las hojas de un almanaque en el que sales vacía por dentro al pintarte como nueva. Blanca y redonda. Creciente o menguando al compás de los latidos de nuestros corazones, esos que acabarán arrancándose mes tras mes. Ahora mismo no te vemos, ¿¿¿no???... te lo tienes más que merecido, te dirán algunos. Yo ni siquiera me tomaré el tiempo justo y necesario para echarte de menos. Eres cruel, a la par que bella. Eres fría, aunque te muestres tantas veces dejándonos una engañosa visión de tu luminosidad blanca y pura, que parece volver locos a los cuerdos, y dejar a los cuerdos encelados ante tu presencia. Por mucho que me acaricies la cara, el pelo o intentes arañarme nuevamente el corazón... ¿¿¿más???... no, no te dejaré. Porque ya hiciste tu trabajo lento, vil y despiadado... no existes para mi, luna, por mucho que te canten los poetas, te escriban los iluminados, y te pinten los artistas de la voz, la palabra y las artes...

Quédate donde estés, haz feliz a quien así lo sea y lo quiera contigo, y a mi déjame en paz... como en paz algún día tendré que morir. A la vera de mi playa... esa que contigo o sin ti sigue siendo la misma, puesto que el que no la cambia soy yo... mientras tanto, acompaña de celestina a quien proceda, y a mi si quieres, intenta acariciarme el pelo, que yo te diré lo de siempre, lo que ya saben mis familiares que se me fueron con el ultimo mes del año, y que ellos pueden más que tú, luna, porque ellos fueron de verdad, sin más cara que la que me dejaron en vida. Y yo no soy más que su reflejo... así que ya sabes. Por mi parte, el cielo se puede quedar esperando...

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Foto cedida por Victor Ovies, de su web www.granadaphoto.com

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